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Más estrategia y menos código. La oferta de programadores cae un 31%

Un gráfico con el texto Más estrategia, menos código: El nuevo paradigma tecnológico. Abajo, las ilustraciones muestran a una persona codificando y a otra diseñando estrategia de tecnología centrada en personas en una pizarra.
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La “primera víctima” de la IA: el programador tradicional

Hace pocos años era impensable que los programadores sufrieran el impacto de la inteligencia artificial en sus propias carnes. Sin embargo, las cifras son demoledoras: las ofertas de trabajo para programadores en España ha caído de un 7,9% a un 5,4% en tres años, lo que supone un desplome del 31%. Esta estadística, extraída de análisis oficiales en la Unión Europea, nos lleva a preguntarnos si estamos ante las primeras víctimas de la IA. Al mismo tiempo, en Estados Unidos se proyecta una caída del 11% en el empleo de programadores durante la próxima década (unos 147.000 puestos de trabajo menos). Estos datos son los primeros tras años de bonanza en el sector tecnológico, de repente el talento de programación parece menos demandado. ¿Significa esto que hemos llegado al fin de la era dorada del programador? ¿O más bien indica un cambio de paradigma en cómo aplicamos la tecnología en los negocios?

Para entender este fenómeno, recordemos el contexto. La introducción de modelos de IA generativa como ChatGPT en 2022 generó tanto entusiasmo como inquietud. Muchas personas pronosticaron que millones de empleos quedarían obsoletos por la automatización inteligente. Lo irónico es que, por ahora, el impacto negativo más tangible se observa precisamente en roles especializados en desarrollar tecnología. El programador tradicional, enfocado solo en escribir código, está indefenso ante una realidad: la IA es capaz de generar código básico y las empresas están aprendiendo a hacer más con menos desarrolladores. Pero no nos equivoquemos; que cambie la demanda no significa que la tecnología pierda importancia. Al contrario, estamos ante una transformación profunda de las prioridades en los proyectos tecnológicos.

Un cambio de paradigma: de construir a diseñar soluciones

Lo que estamos viviendo no es la muerte de la figura del programador, sino su evolución. Históricamente, el éxito en tecnología se medía en cuántas líneas de código se podían escribir o cuántos sistemas propios se podían construir desde cero. En esa antigua perspectiva, más programación equivalía a más valor. Hoy, ese paradigma está siendo reemplazado por otro en el que el enfoque se desplaza de la construcción a la concepción estratégica de soluciones.

¿Qué quiere decir esto? Que el valor ya no reside en programarlo todo uno mismo, sino en saber qué conviene programar y qué no. Las organizaciones líderes han descubierto que no tiene sentido “reinventar la rueda” una y otra vez. En lugar de destinar decenas de desarrolladores a crear una funcionalidad que ya existe en el mercado (ya sea como software de código abierto, servicio SaaS o módulo preconstruido), están optando por integrar esas soluciones ya probadas. El tiempo liberado se invierte en diseñar una arquitectura tecnológica sólida y en personalizar las herramientas para que encajen con la estrategia de negocio.

Un hombre escribe código en un portátil mientras otro presenta un gráfico a dos personas sentadas. Spanish text discusses cómo diseñar estrategia de tecnología centrada en personas, moviéndose de soluciones de código hacia un enfoque empresarial y humano.

Imaginemos dos empresas con la misma necesidad: implementar una plataforma de comercio electrónico. Una empresa decide desarrollar su propio eCommerce desde cero, movilizando a su equipo de programadores durante meses para escribir cada línea de código. Su competidora, en cambio, dedica esas primeras semanas a investigar y planificar: evalúa soluciones existentes, compara proveedores, considera plataformas no-code o de bajo código, y selecciona la que mejor se alinea con su modelo de negocio. En pocos meses, la segunda tiene su tienda en línea funcionando mediante una solución ajustada y probada, mientras la primera empresasigue depurando código de su desarrollo a medida. Pasado un año, la ventaja competitiva es clara: la segunda pudo enfocarse en marketing, experiencia de cliente y formación de su equipo, mientras la persona gastó gran parte de su energía en construir algo que quizás ni siquiera alcanza el nivel de las herramientas ya disponibles.

El aprendizaje de esta historia (que vemos reflejada en muchos casos reales) es evidente. El éxito no depende de cuánta tecnología creas, sino de qué tan inteligentemente la aprovechas. Y aprovecharla con inteligencia requiere una visión estratégica previa, más que músculo de programación bruto.

La tecnología automatiza la tecnología: cuando el código se escribe solo

Otra pieza central de este cambio de paradigma es la madurez de tecnologías que automatizan tareas tradicionalmente técnicas. La inteligencia artificial y la automatización no solo están afectando al desarrollo de software; su influencia se extiende a muchos campos profesionales. De hecho, el caso de los programadores es solo un ejemplo más de una tendencia general: la tecnología está automatizando el trabajo tecnológico y creativo rutinario.

Veamos el marketing, por ejemplo. En 2024, las agencias de publicidad tradicionales en EE.UU. han recortado alrededor de un 5% de sus empleados, algo atribuido en parte a un descenso significativo de ingresos en marketing convencional. ¿La causa? La rápida adopción de herramientas digitales y automatizadas que han reemplazado métodos tradicionales. Perfiles como diseñadores gráficos, redactores publicitarios y community managers están viendo cómo parte de sus tareas las asume una máquina. En Estados Unidos, un 4% de los empleos de diseño gráfico ya desaparecieron, reemplazados por IA generativa capaz de producir imágenes de alta calidad en segundos. Se estima que un 63% del contenido escrito en 2024 será generado con inteligencia artificial, desplazando al redactor tradicional hacia funciones más especializadas. Del mismo modo, cerca de 47% del trabajo de gestión de redes sociales (desde programar publicaciones hasta el análisis de métricas) ya se realiza de forma automatizada con algoritmos y bots.

Estos números reflejan un hecho contundente: muchas tareas repetitivas o estandarizadas –sean de programación, marketing o cualquier área– pueden ser ejecutadas por sistemas automatizados con mínima intervención humana. Herramientas de no-code y low-code permiten que usuarios sin profundos conocimientos técnicos configuren aplicaciones y flujos de trabajo. Plataformas de autoedición de vídeo, por citar otro caso, crecen a ritmos del 20% anual, facilitando que en vez de un editor de vídeo humano haciendo cortes y transiciones, un software lo haga en segundos según plantillas inteligentes.

Frente a este panorama, algunas personas reaccionan con temor: “la tecnología nos está quitando el trabajo”. Pero esa lectura se queda corta. Lo que realmente está ocurriendo es una redefinición de los roles. Las tareas manuales, repetitivas o puramente técnicas van perdiendo peso, mientras ganan importancia las funciones estratégicas, creativas y de alto valor añadido que no se pueden automatizar tan fácilmente. El developer que antes pasaba horas picando código boilerplate ahora puede delegar esas partes a una IA, y dedicar su tiempo a refinar la arquitectura, asegurar la calidad, o pensar en cómo esa pieza de software encaja en el producto global. Del mismo modo, el marketero que usaba gran parte de su jornada en generar informes de métricas puede automatizarlos y enfocarse en idear campañas más innovadoras.

En resumen, la tecnología está reescribiendo sus propias reglas: crea eficiencia automatizando lo automatizable, para que los profesionales humanos podamos enfocarnos en donde realmente aportamos valor. Pero para lograr eso, hace falta un cambio de mentalidad y, sobre todo, una estrategia clara.

Estrategia de tecnología y personas: el enfoque que marca la diferencia

Si la automatización y la IA están transformando tantos sectores, ¿cuál es el factor común en las organizaciones que logran adaptarse con éxito? La respuesta, desde nuestra experiencia, está en poner a la estrategia (y a las personas) por delante de la tecnología. Esto puede sonar paradójico en un mundo obsesionado con lo último en herramientas y lenguajes de programación. Pero una y otra vez vemos que la clave no es la tecnología por sí sola, sino cómo la alineamos con el negocio y con quienes lo llevan adelante.

En Proportione llevamos este concepto en nuestro ADN. Hemos comprobado que una estrategia de tecnología y personas bien diseñada actúa como brújula en la transformación digital. ¿Qué implica esto en la práctica? Por un lado, significa entender profundamente las metas del negocio y las capacidades del equipo humano antes de decidir qué tecnología adoptar. Por otro, conlleva seleccionar las herramientas tecnológicas no por su fama o novedad, sino por su encaje con la organización y por la rapidez con la que nuestro personal puede asimilarlas.

Un enfoque estratégico centrado en personas comienza involucrando a los empleados desde el inicio. Después de todo, son ellos quienes utilizarán cualquier nuevo sistema. No sirve de nada implementar la plataforma más poderosa si el equipo no la entiende o no la integra en su día a día. Las empresas exitosas dedican tiempo a formar a su gente, a crear una cultura abierta al cambio y a la experimentación con nuevas tecnologías. Este factor humano es el que acelera la adopción y multiplica el impacto de las inversiones digitales. De hecho, muchas iniciativas tecnológicas fracasan no por fallos de la herramienta en sí, sino por falta de alineación con los procesos y personas de la empresa.

Además, la estrategia de tecnología y personas implica tener una visión de conjunto. Es como dirigir una orquesta: no se trata de lucirse con solos de un instrumento (por ejemplo, desarrollando la aplicación móvil más llamativa aislada del resto), sino de asegurar que todos los componentes (tecnológicos y humanos) suenen coordinados. A veces, la mejor decisión estratégica es no desarrollar cierto elemento internamente, sino integrarlo de un proveedor externo confiable, para poder concentrar nuestros recursos en aquellas áreas donde sí podemos diferenciarnos. Otras veces, la estrategia pasa por re-entrenar al personal en nuevas competencias digitales para aprovechar una herramienta recientemente adoptada. Cada organización tendrá respuestas distintas, pero el hilo común es la búsqueda deliberada de la sintonía entre tecnología y personas.

Cabe destacar que las grandes consultoras estratégicas y las escuelas de negocio más prestigiosas están plenamente conscientes de esta necesidad. Se habla cada vez más de perfiles híbridos: profesionales que combinan conocimiento técnico con entendimiento del negocio y habilidades interpersonales. Son quienes pueden traducir el potencial de una nueva tecnología en resultados concretos para su empresa, guiando a sus equipos en el proceso. No es casualidad que en encuestas globales, más de dos tercios de los directivos manifiesten que existe una brecha de habilidades digitales en sus plantillas. Buscan líderes capaces de integrar IA, automatización y estrategias empresariales, y esos líderes surgen cuando la tecnología deja de verse como un fin en sí mismo y pasa a ser parte de una estrategia centrada en las personas.

Del desarrollador al integrador estratégico: el nuevo rol del profesional tecnológico

Volvamos al protagonista inicial de nuestra historia: el programador. ¿Está destinado a desaparecer? En absoluto. Lo que estamos viendo es su reinvención. El profesional tecnológico de vanguardia ya no se define solo por cuántos lenguajes de programación domina, sino por su capacidad de integrar soluciones y de contribuir a la estrategia de la empresa, se habla incluso del domador de tecnologías. En vez de ser únicamente un ejecutor de código, se convierte en un arquitecto y orquestador de tecnología.

En la práctica, esto significa que el desarrollador de hoy debe saber evaluar distintas opciones: ¿Construimos una solución desde cero o usamos una plataforma existente? ¿Automatizamos esta parte del proceso con un script o aprovechamos una API de IA que nos dé el resultado? ¿Cómo aseguro que esta nueva herramienta “X” se conecte bien con nuestro sistema “Y” y que los usuarios la encuentren útil? Estas preguntas antes quizás ni siquiera formaban parte del trabajo de un programador típico, enfocado en un requerimiento técnico específico. Ahora son parte esencial de su día a día. El programador se mueve del teclado a la mesa de diseño, trabajando codo a codo con analistas de negocio, con diseñadores de experiencia de usuario y con líderes de producto. Su aporte es fundamental para que la solución final no solo funcione técnicamente, sino que tenga sentido en el contexto del negocio.

Por supuesto, siguen siendo indispensables las habilidades técnicas sólidas. Siempre necesitaremos expertos que entiendan los detalles de seguridad, performance, arquitectura de datos, etc. Pero incluso esos expertos deben ampliar su visión. Un arquitecto de software sobresaliente también entiende las implicaciones de sus decisiones en costes, plazos y valor para el usuario final. Un ingeniero de datos brillante sabe que no sirve de nada implementar el pipeline más sofisticado si los responsables de marketing no comprenden los informes resultantes. En otras palabras, el talento tech del futuro debe hablar dos idiomas: el tecnológico y el del negocio. Y también debe entender a las personas que usan la tecnología, ya sean empleados o clientes.

Adoptar este rol de integrador estratégico no solo es beneficioso para la empresa; es también la mejor forma de que los profesionales tecnológicos se protejan frente a la automatización. Aquello que un desarrollador hace de forma mecánica y sin contexto probablemente acabará realizándolo una inteligencia artificial entrenada para ello. Pero la habilidad de resolver problemas complejos, de adaptar una solución genérica a un caso particular, de innovar cuando no existe un patrón previo… esa sigue y seguirá siendo terreno humano. El programador que abrace este enfoque se apoyará en la IA como aliada (por ejemplo, usando asistentes de codificación automatizada para tareas rutinarias) y dedicará sus energías a lo que ninguna máquina puede hacer sola: comprender, imaginar y liderar cambios reales en la organización mediante la tecnología.

El tiempo invertido en estrategia nunca es tiempo perdido

Los titulares que anuncian “la caída de los programadores” o “las primeras víctimas de la IA” pueden generar angustia, pero en el fondo traen un mensaje de cambio necesario. Estamos viviendo una transición en la que dejar de valorar la cantidad de código y empezar a valorar la calidad de la visión se vuelve fundamental. En este nuevo ecosistema, el tiempo que dediquemos a pensar, planificar y alinear la tecnología con el negocio y las personas nunca será tiempo perdido. Te recomendamos nuestra guía para crear un plan de transformación digital paso a paso. Es más, probablemente sea la inversión más rentable que una empresa (y un profesional) puedan hacer hoy en día.

Sí, puede ser tentador lanzarse a codificar una solución inmediata para mostrar progreso tangible. Pero si esa solución no está bien encaminada estratégicamente, luego se pagará un coste mucho mayor en retrabajos, adopción deficiente o oportunidades perdidas. Por el contrario, cuando uno frena el impulso inicial de “hacer por hacer” y se pregunta “¿Cuál es la mejor forma de resolver este problema?”, abre la puerta a enfoques más inteligentes. Quizá descubra que ya existe esa solución y solo hay que adaptarla. O que merece la pena simplificar el proceso en vez de automatizarlo tal cual es. O que antes de implementar una nueva herramienta, hay que preparar al equipo para sacarle partido. Todo eso forma parte de la estrategia. Y ese es el tipo de pensamiento que distingue a las organizaciones y personas que liderarán la próxima década.

En conclusión, no estamos ante el fin de la tecnología ni mucho menos. Estamos ante el fin de una forma de trabajar con la tecnología. Menos horas de teclado y más horas de pizarra y conversación. Menos obsesión por el output técnico inmediato y más atención al outcome estratégico a largo plazo. Menos reinvención de la rueda y más aprovechar lo mejor que ya existe para hacer algo nuevo y valioso. La era que emerge premiará a quienes sepan diseñar con inteligencia antes de construir, a quienes pongan a las personas en el centro de la transformación digital, y a quienes entiendan que el propósito de la tecnología no es teclear código sin parar, sino impulsar el negocio y la sociedad hacia adelante. Esa es la nueva estrategia – y es, en definitiva, el camino a seguir.

La idea de que la estrategia importa más que el código es precisamente la tesis central de nuestra guía sobre transformación digital: el 70 % de las transformaciones fracasan por no poner a las personas en el centro.

Lectura relacionada: Descubre nuestra metodología de transformación y inteligencia artificial centrada en personas en Proportione.

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Javier Cuervo

Javier Cuervo

Autor en Proportione

Socio fundador de Proportione. Más de 20 años ayudando a empresas a conectar estrategia, tecnología y personas para crecer de forma sostenible.

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